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  • La Historia natural de la Nueva Espa a

    2019-04-28

    4. La Historia natural de la Nueva España del protomédico real y erudito Francisco Hernández (1514-1587), es el fruto de la primera expedición científica a América (1571-1577). Al parecer en sus orígenes estuvo compuesta por cuatro libros en latín que contenían 2 911 descripciones de vegetales, 410 de animales y 14 de minerales completados con 15 libros con ilustraciones, éstas realizadas con cierta frecuencia por dibujantes indígenas. Las ilustraciones que acompañan la edición consultada casi en su totalidad provienen de la edición romana (1630-1651) y fue elaborada por los eruditos de la Accademia dei Lincei; otras provienen de la edición de la Historia natural de Nieremberg, quien conoció los originales manuscritos de Hernández. Por otro lado, en las descripciones no prima el criterio de la utilidad médica, sino el de la historia natural; es decir, se hace el registro de la ppar gamma agonist con la que entra en contacto el autor o la que describen sus informantes indígenas sin la restricción de la utilidad médica. La inmensa labor naturalista le valió a Hernández ser considerado con justicia un nuevo Plinio —cuya obra había vertido al español y le había servido como modelo— porque trató de completar con nuevos capítulos la enciclopedia de su maestro. 5. La Historia natural o moral de las Indias de Joseph de Acosta (1540-1600), impresa en 1592, recoge con gran concisión y puntualidad hechos históricos al tiempo que explica los aspectos de la naturaleza que, desde su perspectiva, no han sido tratados en forma adecuada por las fuentes anteriores. Esta historia gozó de un gran prestigio durante la Colonia, incluso fuera de los dominios de la Corona española, por la capacidad del autor para plantear, entre otras cosas, la solución de los problemas o maravillas de la naturaleza, entendido este concepto como un enigma que aún no alcanza a ser comprendido mediante una explicación que resulte lógica en su campo del saber. Así lo formula el jesuita en el “Proemio” a su historia: “Del Nuevo mundo e Indias Occidentales han escrito muchos autores diversos libros y relaciones que dan noticia de las cosas nuevas y extrañas, que en aquellas partes se han descubierto […]. Mas hasta agora no he visto autor que trate de declarar las causas y razón de tales novedades y extrañezas de naturaleza […]”. Los problemas que presentaba la naturaleza eran los de la región “Tórrida” de la que la “filosofía antiguamente recibida y platicada” poco sabía. La fauna americana aparece sólo en unas cuantas páginas del libro iv, luego de las secciones que tratan las minas y plantas y, en particular, la fauna propia de Indias; a los que ya juzga suficientemente conocidos sólo los menciona. Su interés filosófico se centró en discernir cómo pasó la fauna desconocida al continente y por qué hay animales diferentes a los del resto del mundo, y el descriptivo en el registro de los animales notables por su diferencia como el cóndor, colibrí, buitre. Las vicuñas, tarugos, pacos y guanacos le resultan interesantes, pero a pesar de su novedad su atención se dirige a la utilidad. Las fuentes explícitas de Acosta son la Biblia, De partibus animalium de Aristóteles y la Historia de los animales de Plinio. Para iniciar el contraste entre el Bestiario y la historia de los animales y mostrar los posibles vasos comunicantes entre ambos géneros que comparten una tradición discursiva, inicio destacando las diferencias más relevantes: en primer lugar, las historias naturales, a diferencia del Bestiario, no se articularon como un texto independiente: en Sahagún y Acosta las descripciones de la fauna conformaron un conjunto bien delimitado, aunque estos segmentos se hallan integrados a la estructura de una obra mayor. Lo mismo sucede con Fernández de Oviedo, pero su ensamble unitario —el libro xii— con frecuencia fue rebasado por una fauna diseminada a lo largo de su texto; en las Décadas, la fauna está dispersa por completo; sólo en el caso de Hernández pudo suponerse que la fauna hubiera podido aparecer en forma de un texto autónomo; sin embargo, también es plausible que el protomédico lo hubiera integrado, a la manera de Plinio, como una unidad en su tratado sobre la naturaleza de la Nueva España. Otra diferencia que dificulta el acercamiento de los bestiarios a la historia natural es que en aquél la fauna aparece sin ningún principio de orden evidente, en cambio domina en las historias naturales el orden sugerido por Plinio, que distribuye los animales de acuerdo a su hábitat (libro viii, animales terrestres; ix, animales acuáticos; x, volátiles; xi, insectos). Fernández de Oviedo, en el libro xii y Hernández lo siguieron cabalmente, no así Sahagún que ubica en el primer capítulo a los “animales” terrestres, en el segundo a las “aves”, en el tercero a los “animales del agua”, en el cuarto a los “animales feroces del agua” y en el quinto a las “serpientes y otros anima[les]”. Acosta no tuvo en mente en ese momento a Plinio pues, como se dijo, más bien persiguió explicar el origen y utilidad de la fauna propia de América; este orden no existe en las Décadas.