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    2019-05-14

    Por lo demás, resulta sugerente asociar la expansión de la antología con el traslado de Gutiérrez myosin Chile, donde se instala en 1845- De los “cuyanos” (mote con que se conocía a los argentinos), dice Ricardo Rojas: Esta nota sirve a los fines de enfatizar la potencia y el vigor intelectual del colectivo al que pertenece Gutiérrez, pero también para constatar el calibre de sus intereses políticos y la pugna librada en el ámbito argentino por la hegemonía de sus proyectos de nación. Con todo, estos jóvenes no conforman un grupo aislado y, movidos por un afán permanente de intervenir en la realidad, de producir materiales útiles y ensayar ideas novedosas, no tardan en entrar en contacto con los demás letrados sudamericanos reunidos especialmente en Santiago (cfr. Stuven 2008). Muestra de estos nuevos vínculos es la relación que Gutiérrez entabla con Andrés Bello, quien no solo ostenta una obra de difícil exclusión en un florilegio de este tipo —alargando los límites hasta Venezuela—, sino que, además, él mismo se presta como colaborador y pone a prueba la estrechez rioplatense al sugerir la presencia de José María Heredia y José Fernández Madrid —cubano y colombiano respectivamente—. Se sella así la suerte de la obra: una antología de índole continental. A partir de entonces, interesado en procurar tanto las poesías de los autores escogidos y sus noticias biográficas como la divulgación del proyecto, Gutiérrez apela a todo tipo de artimañas. Para ello moviliza a un nutrido séquito de colaboradores a fin de que examinen periódicos o colecciones en bibliotecas —públicas y privadas—; a otros encomienda dar a conocer entre sus pares y en medios propagandísticos los fascículos de inminente aparición; a muchos —como se anticipó— solicita el envío de lo más selecto de sus obras. Todo ello a la vez que publica el “Prospecto”, donde se fija la intención del plan y el mecanismo de suscripción. Los mismos poetas son quienes con mayor ahínco socorren las actividades de Gutiérrez, tanto más cuanto que, los que están enterados, no permanecen pasivos ante la posibilidad de integrar este novísimo parnaso americano. Domingo Faustino Sarmiento, con su punzante malicia, así lo expresa: Las predicciones de Sarmiento fueron, con todo, bastante ciertas. Y ante el fárrago poético proveniente de diversos puntos de la América hispánica, el silencio epistolar de los mexicanos es notorio: ni una carta se registra en el archivo de Gutiérrez datada en México por estos años. Asimismo, tampoco se advierte la presencia de colaboradores mexicanos, ni publicidad en la prensa del prospecto y, por lo mismo, del lanzamiento de los fascículos.
    El caso mexicano La posición marginal de México con respecto a Enhancer los países del sur —al menos en cuanto a contacto literario se refiere— imposibilita la participación directa de sus letrados en la antología. Sin asedio de poetas reclamando ser admitidos, pero también sin auxilio, no queda más remedio que recurrir a los impresos que Gutiérrez tiene a la mano. Las fuentes que utiliza son más acertadas que variadas, lo que nos coloca frente a un parco repertorio: tan solo tres libros de autor, los Ocios juveniles de Joaquín M. de Castillo y Lanzas, los Entretenimientos poéticos de Manuel Navarrete y las Poesías originales y traducidas de José Joaquín Pesado; una antología, la Colección de poesías mejicanas de José María Luis Mora, y tres publicaciones periódicas. De este conjunto se extrae el 20 % de los autores que integran el índice y casi 140 páginas (representan cerca del 17 % del total). Números que, insistimos, no hallan correlato con la disponibilidad bibliográfica y donde se hace visible el empeño de integrar a las Américas. Si es cierto que hacia 1846, cuando comienza la publicación de la América poética, Valparaíso se afirma como un activo puerto comercial, con una vida cultural bullente y contagiado del clima de prosperidad chileno, si resulta de ello un medio propicio, un marco oportuno para el engrandecimiento de las ideas, la apertura continental y la vindicación del proyecto bolivariano, no lo es menos que la disposición de las cosas en México dista, por mucho, de ser equiparable. Son, según opinión ampliamente compartida, los más tristes años de la historia mexicana. Aun con lo que tienen de caóticas e intestinas las luchas en el sur del continente, ninguna nación padece de modo tan vivido la inminencia del desmembramiento como México.