Archives

  • 2018-07
  • 2018-10
  • 2018-11
  • 2019-04
  • 2019-05
  • 2019-06
  • 2019-07
  • El resultado de esta reuni n se plasm en

    2019-05-15

    El resultado de esta reunión se plasmó en una serie de resoluciones que transcribe Elena Aub en su libro sobre el me/59. En resumen, se acordaba un programa de máximos para España en el que se señalaba el restablecimiento de todas las libertades políticas, el derecho de autodeterminación de Cataluña, Euskadi y Galicia, una amnistía para todos los presos políticos, la elevación del nivel de vida del pueblo, una política de neutralidad en materia internacional y la aplicación de un conjunto de reformas estructurales. Al mismo tiempo, se establecieron unas resoluciones sobre la situación universitaria y, en un nivel organizativo, toda una serie de medidas a corto plazo para la coordinación de los grupos juveniles de oposición: regularización de los contactos en España y creación de comités de jak stat pathway y enlace para la coordinación de programas de acción y propaganda de cara a la futura revolución en la península. Sin embargo, toda una serie de acontecimientos acabarían por anular la efectividad de estas resoluciones y hacer fracasar los intentos de coordinación del me/59. En primer lugar, es necesario tener en cuenta los efectos de la oleada de huelgas de la primavera de 1962. La huelga iniciada por los mineros asturianos pronto se fue contagiando a otros sectores como la siderurgia vasca o las industrias catalana y madrileña así como a los latifundios andaluces. Este movimiento huelguístico se caracterizó por no haber sido dirigido desde los partidos o sindicatos tradicionales. Al igual que el me/59 surgía de una nueva generación. Jóvenes que se habían concienciado en movimientos como las Hermandades Obreras de Acción Católica o las Juventudes Obreras Católicas y que posteriormente acabarían integrando el nuevo sindicalismo de clase en organizaciones como la Unión Sindical Obrera o las Comisiones Obreras. Pese a que el me/59 poco o nada tuvo que ver en el origen de estas huelgas, se trataba justo del tipo de movimiento que ellos habían tratado de generar. De manera que se volcaron de forma entusiasta en el apoyo a los huelguistas y crearon un Comité Español de Solidaridad con los huelguistas de España y múltiples actividades para la recaudación de fondos. Desafortunadamente, nadie había contado con la capacidad de respuesta que aún tenía el franquismo. La represión desatada fue tan brutal que obligó a los distintos grupos de oposición a un forzado repliegue. Se desarticularon todas aquellas redes de colaboración y comunicación que el me/59 se había esforzado por tejery los distintos grupos acabaron por desvincularse. Por otra parte, en junio de 1962 se celebraría en la ciudad alemana de Múnich el IV Congreso del Movimiento Europeo, más conocido por el apelativo peyorativo que le otorgó la prensa falangista como: el contubernio de Múnich. En la capital bávara se reunieron más de un centenar de representantes de todas las tendencias políticas de la oposición al régimen, tanto del interior como del exilio. Por primera vez, pudieron verse juntos grupos de la derecha liberal y democrática con socialdemócratas y nacionalistas vascos y catalanes. Solamente el partido comunista quedaría ausente. Aunque esta reunión tampoco logró coordinar los esfuerzos por derribar al régimen, sí marcó un punto de inflexión pues representó el fin de la dialéctica del odio establecido desde la Guerra Civil, se escenificó la reconciliación nacional y se marcó el camino hacia la transición que comenzaría en 1976. El me/59 era consciente de que estos acontecimientos habían generado un cambio de escenario que había dado al traste con todas sus planificaciones. En un informe de la Junta Directiva de principios de 1963 se reconocía el fracaso de sus objetivos con las siguientes palabras: Las nuevas líneas por las que transitaba la oposición política interior no eran favorables a Cruciform las estrategias marcadas por el me/59. A pesar de que trataron de mantener sus actividades durante algunos meses más, pronto llegaron a la conclusión de que nadie les necesitaba y acabaron por to-mar conciencia de que no tenía sentido continuar. No se llegó a realizar ningún acto público o asamblea de disolución, simplemente el me/59 fue muriendo poco a poco, limitando sus actuaciones hasta abandonarlas por completo. El dinero que quedaba en caja fue entregado a Octavio Arbeloa para que fuera empleado en las movilizaciones que estaban realizando grupos de anarquistas en el interior. Este fue el acto final que puso fin a las actividades de este grupo. Pese a la gran ilusión desatada y el fuerte impulso de sus orígenes, el Movimiento Español 1959 terminaría siendo, tan sólo, el último resplandor de la actuación política del exilio en la oposición antifranquista. A partir de ese momento el exilio republicano no sería ya más que un agente residual, casi anecdótico, en el complejo proceso político de la transición a la democracia en España.