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  • El segundo estudio lo presenta

    2019-06-11

    El segundo estudio lo presenta Diana Sofía Sánchez, quien aborda de Rosa Beltrán. Texto en el que nos convida de su propuesta basada en: 1 la representación de la familia relacionada con su búsqueda de normalidad, y 2º la reconstrucción puntual de los fracasos y absurdos de la política mexicana. La ensayista ha dividido su estudio en cuatro temas. En el primero: “la familia, el priísmo y la religión católica: bases de la cultura nacional” nos habla del protagonista Tobías y de cómo la escritora ha estructurado la historia con el uso de varias voces narrativas en un vaivén de figuras retóricas. Nos aclara que la eicosapentaenoic acid narrativa está fragmentada en relatos vinculados con los recuerdos de los personajes. Al mismo tiempo manifiesta cómo se va tramando la historia con los sucesos políticos de nuestro país. De ahí el nombre de esta primera parte, en la que convergen la familia y el ámbito político donde los discursos manifiestan el anquilosamiento de las estructuras que conforman nuestra nación: familia, religión católica y priísmo conjuntados en una contradicción “absurda”.
    La edición crítica de Historia de Chucho el Ninfo suma un nuevo volumen al proyecto de Obras de José Tomás de Cuéllar, del que ya se han publicado en la Nueva Biblioteca Mexicana, dirigida por Miguel León Portilla, durante 2007, El pecado del siglo, Novela histórica, a cargo también de Belem Clark de Lara, y Ensalada de pollos, edición crítica preparada por Ana Laura Zavala, con otros volúmenes que le seguirán y que se encuentran ya en prensa Novelas cortas y Las jamonas . Los resultados expuestos en este nuevo volumen son a todas luces espléndidos, tanto por su metodología de trabajo, por los contenidos mismos y por su utilidad académica, como por el tiempo requerido, razonablemente corto, para dicha publicación. En el caso de la Historia de Chucho el Ninfo, dicha novela se publicó por entregas en dos ocasiones, en los tomos V y VI de La Linterna Mágica, tanto en su primera época, en 1871, como en su segunda, 1890; ambas ediciones se realizaron en vida del autor, quien falleció el 11 de febrero de 1894, pero con casi una veintena de años entre ellas, lo cual permitiría suponer que la última edición sea la más cercana a la última voluntad del autor. La compulsa de ambas ediciones, sin embargo, permite demostrar a su editora lo contrario: a pesar de haber intervenido José Tomás de Cuéllar en el proceso editorial (sabemos que el autor mismo encargó la edición de 1890 a la Tipo-Litografía de Hermenegildo Miralles, sita en Barcelona), es preferible partir de la primera edición como texto base, en atención a que muchos de los cambios de la última edición resultan dialectales para adecuarse al nuevo público que conocería la publicación preparada en España y distribuida desde ese punto. De este modo, el editor barcelonés restaura los usos vigentes para la variante del español peninsular, a pesar de tratarse de un texto mexicano, donde por ejemplo resulta frecuente la confusión de leísmo y laísmo: mientras en 1871 Facundo escribe “a Elena no se le podía hablar”, en la edición de Barcelona se lee “a Elena no se la podía hablar” (‘Advertencia editorial” y 172), pero también hay numerosos errores de lectura que, en mi opinión (y así también lo consideró su editora, Belem Clark de Lara), traicionan la intención original del autor: Como puede advertirse fácilmente por estos ejemplos, se trata de lectiones faciliores o trivializaciones cometidas en el momento de la lectura por parte del componedor. El descuido general de la edición de 1890 se confirma en un caso donde se alteró, sin advertirlo, el orden de una página completa (ed. cit., 98-100), por lo que la decisión de usar como texto base la edición de 1871 resulta la más apropiada. El texto crítico se acompaña de un aparato de variantes en el que se registran los cambios de la edición de 1890, lo que permite al lector tener a la vista, en todo momento, las lecciones tardías. Aunque, como norma de las Obras de Facundo, no se suele “dar registro de las variantes de editor”, resulta obvia su pertinencia para las obras publicadas como segunda época de La Linterna Mágica, “debido a que fue el mismo autor quien contrató al editor español, recibió y distribuyó cada uno los volúmenes y, por tanto, quedó dicha colección avalada por él” (“Advertencia editorial”, XVII). Las variantes, como sucede muchas veces con publicaciones exitosas que se adaptan para un nuevo público, tienen un interés relativo y en más de una vez podrían atribuirse al editor antes que al mismo autor, como demuestran algunas actualizaciones léxicas de palabras que para el editor español pudieron carecer de sentido, como “la madre más pañalona” (1871; 9, nota 14), en el sentido de “consentidora y tolerante”, rara en el español de México igual que en el español peninsular, sustituida por “mimosa”, en su acepción de aquella madre que prodiga “mimos”, un tipo de “condescendencia excesiva con que se suele tratar especialmente a los niños” Diccionario de la Real Academia, 1869, s. u. . La mejora, sin embargo, solo es relativa, porque la primera acepción de “mimoso” en el mismo diccionario nos transmite un significado ligeramente distinto para “mimosa”: “Melindroso, delicado y regalón” (véase el Nuevo Tesoro Lexicográfico de la Lengua Española en la página electrónica de la Real Academia Española). En casos de variantes más extensas, parece probable que la prosa elegante y graciosa de Facundo haya sido sustituida por formas simplificadas y más directas, responsabilidad también de su editor, como sucede con una larga digresión retórica en medio de un brindis: